Son risas y sonrisas…

Publicado el 15 January 2011
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Dicen los más avezados que, para hacer frente a las dificultades presentes a lo largo de nuestra vida, es fundamental reír. Porque la risa, está demostrado, estimula el sistema inmunológico, aplaca la ira, sosiega el espíritu, llena de alegría, anima los días, calma temores, infunde ilusiones, nos hace más fuertes, nos vuelve más sanos, incluso dicen… nos hace parecer más ufanos. Podríamos recordar algunas sonrisas que han pasado a la Historia, como la mítica de La Esfinge de Gizeh, allá en el Egipto de los faraones, que tanto sorprendió en su día a mujeres para las que el enigma formaba parte de su vida, como la famosa escritora Agatha Christie que la contempló mientras visitaba Oriente, acompañando a su segundo esposo el arqueólogo Max Mallovan. En torno al Nilo legendario, pasaba largas temporadas durante las sofocantes y crudas expediciones que su marido organizaba buscando yacimientos ocultos en arenas y piedras de desiertos. A veces la imagino, en horas vespertinas, cuando la escritora de formas exquisitas, guantes, sombrero y figura algo oronda, contemplaba la lejanía desde la habitación de su hotel en Aswan, en concreto desde el antiguo Old Cataract. En dicho edificio con reminiscencias de principios del XX –fue inaugurado en 1899-, se han hospedado otros personajes de la Historia como el zar Nicolás II, Howard Carter, Clemenceau, Churchill, el duque de Connaught o el rey Faruk, por citar sólo algunos. Ella sabía que, aunque muy lejos en la distancia, la Esfinge le sonreía en piedra milenaria, mostrándole un gesto cómplice por su valentía de escritora e intrépida. O quizás también podríamos destacar a la “mulier ingenua” como dicen algunos, en especial el investigador florentino Giuseppe Pallanti, llamaba Francesco del Giocondo a su esposa Monna Lisa por la que sentía auténtica pasión. Esta obra pictórica ambigua sigue atrayendo de manera perpetua a los que, intrigados, intentan descifrar la ironía que encierra su rostro, plagado de incógnitas, tantas…que se ha convertido en uno de los más famosos cuadros de la pintura universal. Podríamos seguir y no acabaríamos…la falsa sonrisa de las hienas, imitada y aplaudida por personajes siniestros; la inocente de un niño que a todos cautiva; la cómplice de aliados, la pícara de amantes, la despiadada de burla y desprecio; la protocolaria de cortesía, la sincera de agradecimiento, la entusiasta de ilusión, la nostálgica de recuerdos, la esperanzadora de sueños, tantas, varias, todo tipo… La insinuación, las formas y normas, la amistad, el amor o la ironía pueden ser expresados de modo diferente por la misma, por una eterna y única sonrisa. Mientras, para la felicidad exultante, la plenitud, el gozo, la dicha extrema… no nos basta y preferimos ir más allá, no pudiendo reprimir una risa desbordante y magnánima que todo lo inunda. Reír o sonreír, igual de válidos para diferentes etapas de nuestras vidas, de nosotros mismos, de otros… Como expresión de simples o complejas relaciones sociales, de momentos, de estados de ánimo, de…casi todo. Y frente a la tristeza o al llanto que acompaña la congoja, el desaliento, el desánimo, la impotencia, la rabia, la falta de ilusión o la pena, no cabe duda que la risa, o al menos –como dicen los entendidos- su expresión más sutil, hace que la vida nos parezca distinta durante segundos y quizás de modo ilusorio nos permita sentirla diferente, al menos… esos ínfimos instantes.

Fátima Hernández Martín

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