La romana que hechizó a Stendhal

Publicado el 11 June 2011
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Dicen que muchos la han visto, pero nadie quiere hablar de ella. Que en las noches oscuras y frías de los inviernos romanos, cuando la fina lluvia cae lentamente cerca del Castillo Sant’Angelo y la bruma apenas permite visualizar las estatuas de los alrededores, aparece caminando, de forma pausada y regia, hacia el centro del Puente. Allí, en medio de la calzada, mira ensoñadora y triste el lugar, al que ya no podrá acceder por ningún lado y retorna melancólica a su refugio, ese que antaño fue prisión y, más otrora aún, Mausoleo de Adriano. La reconocen los viandantes noctámbulos, temerosos y asustados, sí, sí, no hay duda, es ella, la dulce y tierna Beatrice Cenci, la joven que murió injustamente decapitada (siglo XVI) por denunciar las torturas e injusticias a las que era sometida y de la que no tuvieron piedad, a pesar de reconocer su inocencia demostrada, obteniendo la absolución solo “in articulo mortis”. Desde entonces, en las madrugadas gélidas y mojadas, recorre, solitaria y amargada, el puente del Castel, como queriendo huir y unirse –al alba- a la algarabía de una juventud que no le permitieron disfrutar, ni enamorarla. Sí, como queriendo perderse en el bullicio de las vías romanas toscamente empedradas, donde dicen, un día fue feliz, tanto…que se resiste, que aún no quiere abandonar su Roma amada, ni siquiera para descansar en paz –como merece- y así sigue esperando cada noche, caminando desorientada por el Puente…su mañana.

Beatrice Cenci fue pintada por Guido Reni en la prisión del Castel durante el tiempo de su cautiverio. El retrato se conserva en el palacio Barberini de Roma.El escritor Stendhal quedó tan impresionado por el cuadro, al verlo, que narró:…”el rostro es dulce y bello, la mirada tierna y los ojos muy grandes, con la expresión asombrada de una persona a la que acaban de sorprender llorando amargamente…”

Fátima Hernández Martín

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