El paquete de Navidad

Publicado el 31 December 2010
Archivado en Fátima | Salir del comentario

¿Tú eres Rob? sí, lo eres ¿qué haces aquí? sólo faltan tres horas para Nochebuena, deberías estar en tu casa, calentito, mimado, querido por los tuyos. Él no emitió sonidos –quizás no podía-, tiritaba de frío y su pelaje ralo era apenas visible entre los viejos y sucios cartones, en los que se había acurrucado como un ovillo. No puedo creer que te hayan abandonado en esta gasolinera fría e inhóspita de la autopista, donde sólo se oye soplar un viento gélido -sin descanso- como si del murmullo de la noche se tratase, la única noche del año donde los sueños pueden cumplirse. ¡Pero si todos tienen un hueco en Navidad! nadie debería estar solo en estas Fiestas, cómo habrás llegado hasta aquí. Le miró con ternura, cogiéndole con cuidado y delicadeza -en sus brazos- para no dañar su piel, ya muy envejecida por los años y los constantes ajetreos del tiempo. Buscó en el interior de su coche una manta y le arropó. Casi no le veía, de lo pequeño y frágil que parecía y probablemente de las horas, quizás los días, que llevaba sin comer ni dormir, olvidado en aquel rincón en medio de la nada. Ya dentro del automóvil notó que su respiración era sólo un pequeño jadeo prolongado que le hizo pensar, en algún momento, lo débil y enfermo que estaría. Le obligó a beber e intentó que comiera algo, pero rechazó la comida con un giro brusco e inesperado de la cabeza ¿Qué voy a hacer contigo? Pensativo observó que, junto a su cuello, llevaba doblado un papel arrugado y mojado por la lluvia. Lo abrió y, sin poder evitar que gruesas lágrimas acariciaran lentamente su rostro, leyó despacio aunque incrédulo lo que estaba escrito: Mi nombre es Rob, he vivido con Roberto, un tratante de arte –culto, distinguido y parlanchín- que me ha dejado hoy -día 22 de diciembre- en este lugar, marchándose a toda prisa en su coche, que siempre he considerado mío. Él y su nueva novia han salido de viaje, me han dicho que van a esquiar. Parece que les resulto un inconveniente serio para sus planes de vacaciones. No sé qué será de mí a partir de ahora. He olvidado mencionar que Roberto es mi único y amado… hijo.

Fátima Hernández Martín


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