El alma de Lía

Publicado el 11 January 2011
Archivado en Fátima | 2 comentarios

Cada vez que releo la novela Marianela que escribió Benito Pérez Galdós en 1878, recuerdo la emotiva y extraña historia que una vez me relataron sobre Lía. Ella era una joven que apenas salía de su casa. Llevaba años llevando una vida tranquila. Una extraña enfermedad le había deformado su hermoso rostro de diosa nívea, piel blanquecina y ojos azabache y la había convertido en un ser deforme, extraño y retraído que evitaba mirarse al espejo, a los que había eliminado, en un arrebato de cólera, de su casa. Cada día atendía -a petición propia- un teléfono de auxilio, en el que con su voz dulce, animaba y ayudaba -en la medida de lo posible- a todos aquellos que arrastraban un problema y que viéndose solos, únicamente disponían de este medio, como recurso, como salida.

Cada tarde, después de pasar la jornada bordando exquisitas telas para trajes especiales que le encargaban hermosas mujeres de miradas profundas, maquillaje excesivo, cutis resplandecientes, bocas carnosas y almas vacías, se sentaba frente a su centralita y escuchaba, con atención, los problemas y angustias que otros le relataban.

Era frecuente que un hombre la llamara, cada dos o tres días, y le contara afligido sus penas y cuitas. Decía que había sido un arquitecto de renombre, cuya esposa le había abandonado desilusionada. Lía le aconsejaba que no perdiera la esperanza, que quizás algún día ella volvería a su lado, pero él le confesaba extenuado que no, ya que sabía con certeza que había rehecho su vida, incluso la justificaba, era joven, bella, tenía derecho. Lía le animaba cada vez que hablaban, le contaba historias, le decía que la vida era una caja de sorpresas, que podía cambiar radicalmente de un día para otro. Era su válvula de escape ante los días amargos y tristes que a su juicio vivía. La relación se fue acrecentando, él la llamaba cada vez con más frecuencia y ella le esperaba con más vehemencia. Se habían acostumbrado a esa relación tan especial en la que ella aportaba candor y él recibía atención. La frecuencia de las llamadas se incrementó, pasó a ser diaria, a una hora concreta, determinada. Si ella no le atendía, se encontraba desamparado. Ella, cuando él no la reclamaba, se sentía desanimada. Se empezaron a acostumbrar a hablar, a comunicarse, a apoyarse mutuamente y poco a poco, sin ser conscientes se enamoraron. Él no daba crédito, sólo quería llamar a la joven. Ella aunque se negaba a creer la evidencia, notaba cómo su mente y su corazón se revolvían al oír su voz, su profunda, varonil, cautivadora y ya… no tan desanimada voz.

Un día él le propuso verse, después de dos años, creía que era el momento oportuno y no había nada ilógico en tomar juntos un café. Ella le dijo “no”, aunque lo deseaba. Sabía que cuando observase su rostro deforme, le provocaría tal rechazo que no querría volver a verla. El insistió, pero ella se negó taxativamente. Dejó el trabajo y abandonó la centralita, sólo se dedicó exclusivamente a bordar y suspirar… Él, desesperado, la buscaba, preguntaba, insistía, indagaba, pero rendido ante la evidencia desistió.

Transcurrieron cinco años. Un día, sin esperarlo, le dijeron a Lía que había una posibilidad de solucionar su problema e ilusionada quiso tomar el primer vuelo hacia… el futuro. Estando ante la puerta de embarque, a la espera de subir al avión, observó a un hombre que le llamaba la atención, había algo en él que le resultaba peculiar, su corazón se sobresaltó, nunca le había pasado nada igual, bueno, sí le había pasado pero hacía tanto tiempo, algo especial la imantaba hacia él, quizás… pensó. Cuando se colocó delante de él en la puerta de salida, dándole la espalda e intentando ocultar su rostro con vergüenza y disimulo, oyó que decían…. ¡ojalá fueses Lía! Ella sin girarse le respondió ¿me ha reconocido? Él contestó: me ha parecido percibir la belleza de su alma, como hace años, cerca de la mía.

Fátima Hernández Martín

“La belleza del rostro es frágil, es una flor pasajera, pero la belleza del alma es firme y segura” (Molière)


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Comentarios

2 Respuestas para “El alma de Lía”

  1. Young Owens on February 8th, 2011 4:10

    …Te has preguntado muchas vecesy lo unico que haz logradoson otras preguntasentonces te sientes como un genque quiera saber que partes es de ese todo llamado hombrea los sumo sabe su funciony la cumple para que estes tal vez para que te preguntes por el.Las funciones llaman al vaciode tal maneraque sino hubiera atmosferael cielo el que vesseria un enjambre de estrellascomo la arena del desiertopor donde caminas.Karigue…….at. …Que es lo que veslo que presientes?Nada dicessin embargo no haz dejando de pensaraunque casi todos ellos son yaviejos gastadoscomo la arena de la playa aquella formada por restos de caracolesde vez en cuando brota uno nuevoy es como si del marsurgiera una sirenaque se vuele a sumergirLo se dijistesolo los suenos hacenalgo nuevo.Karigue…….at.

  2. tanpersonal.com on June 19th, 2014 13:50

    tanpersonal.com…

    El alma de Lía | tanpersonal…

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