A dos brazas del limbo

Publicado el 18 January 2011
Archivado en Fátima | 1 comentario

Dice la RAE que estar en el limbo es…”ignorar los entresijos de un asunto que nos afecta…”, entre otras muchas acepciones que tiene la palabra, la mayoría de las cuales hacen referencia a ámbitos donde la tradición ubica a aquellos que no han recibido el bautismo (creyentes) o que no se han espabilado (no creyentes). No sé si alguno de ustedes, señores, ha estado en el limbo alguna vez, yo reconozco que llevo unos años en ese lugar, o quizás he estado allí siempre. Es curioso el limbo, sí, es un estado extraño, porque mientras estamos en él, no nos enteramos de muchas de las cosas que ocurren a nuestro alrededor, al menos no somos conscientes de que algunas están sucediendo y retornas a la realidad cuando se han resuelto de manera satisfactoria. De todas formas, hay que decir que no se está mal allí, no, porque entras en una especie de aletargamiento emocional que te impide percatarte de acontecimientos que te harían desatar todo un infierno o dejar de creer en la existencia de paraísos ansiados. Además, mientras transitas o te instalas en el limbo no te enteras cómo van los ministerios, el paro, los presupuestos, las guerras en países lejanos alentadas por gobiernos cercanos; el hambre más allá de los atestados comedores sociales, los malos tratos de algunos hombres hacia mujeres o viceversa, las epidemias de gran extensión y manipulada difusión; la especulación no tan precoz, las mentiras, las crueldades. Curiosamente en este punto recuerdo que el escritor, humorista y periodista Mark Twain comentaba que –si existía el Paraíso, en el caso de Adán sería sólo donde estuviese Eva, o bien en relación al Infierno, el mismo autor en una de sus muchas citas magistrales exponía…aunque prefiero el Paraíso por el clima, me gusta más el Infierno por la compañía. Ahora he redescubierto a Twain en una presentación peculiar de su obra Guía para viajeros inocentes que reseñé hace meses en perolibros. Es el mismo Mark Twain (Missouri, 1835) que eligió ese seudónimo, se llamaba Samuel Langhorne Clemens, porque significaba “a dos brazas de profundidad, marcando dos brazas” (calado mínimo necesario para la buena navegación), en alusión a la época en que surcaba el plácido y sofocante Mississippi. Porque él trabajó como piloto de un barco de vapor en el mentado río, tan vinculado desde siempre a su historia personal y a la de todos ¿quién no ha leído “Las aventuras de Huckleberry Finn”? También ejerció otros oficios, el primero de todos como aprendiz en una imprenta, impronta que quizás marcó premonitoriamente un destino que le iba a llevar de mayor a estar muy vinculado a letras que le dieron reconocimiento universal. Es el mismo escritor irónico que se apuntó a uno de los primeros circuitos programados de la historia, que le llevó a descubrir Grecia y Oriente Medio en una época, eso sí, poco propicia a los desplazamientos de turistas, como fue el siglo XIX, etapa que nunca los quiso organizados en cómodos hoteles, puntuales visitas culturales o saneados navíos, sino al contrario los prefirió anárquicos, sin estaciones, trayectos seguros, paradas estipuladas o guías especializados, no, en ese siglo los viajeros se decantaban por aventuras románticas, con contratiempos, enfermedades, asaltos… sólo así se garantizaba el pase a la historia, pero no a la de ellos, sino a la de todos. El Twain que se inscribió en ese primer viaje organizado, como reportero del diario Alta California, pudiera parecerse a uno de nosotros mientras disfrutamos de alguna ruta establecida detalladamente para las vacaciones. Dicha experiencia la plasmó en la obra The innocents abroad (1869) antes citada. Ese sagaz redactor un día exclamó… Si quieres saber si amas u odias a alguien, haz un viaje en su compañía, pues creo que estaba en lo cierto y bien podríamos ponerlo en práctica ante la duda, salvo está que cada uno prefiera seguir cómodamente instalado en su limbo particular o muy, muy cerca… como “mark twain”, es decir, como marcando dos brazas de él…

Fátima Hernández Martín

Post to Twitter Tweet This Post

Comentarios

Una respuesta para “A dos brazas del limbo”

  1. Luis on February 8th, 2011 18:24

    Hola Fátima. Tengo una mala noticia para ti. Es raro que estés en el limbo, porque fue “eliminado por decreto” por la institución católica romana, creo que el año pasado, con la firma del Papa Benedicto XVI. Debes mirar alrededor tuyo y confirmar qué otro lugar es, para pedir la restitución de los pagos. Además, el limbo es en realidad para los recién nacidos y niños que “no fueron bautizados”, y no podías entrar, salvo que te disfraces o “mantengas la inocencia de los niños”, o no te hubieran bautizado. Por último, si estás de vacaciones, es mejor cotejar las ofertas del cielo y del infierno. Si no estás satisfecha, podrías esperar un poco hasta la llegada de los extraterrestres en la era de acuario. Mi cordial saludo. Luis

No hay mas respuestas