Tranvía al fado, allá en Lisboa

Publicado el 27 May 2010
Archivado en Fátima | 2 comentarios

Iba casi prisionera pero extasiada, entre una multitud de gente variopinta dentro de aquel espacio angosto, paraíso de carteristas, pero extremadamente curioso y nostálgico. Sentada junto a la ventanilla, daba tumbos en un estrecho e incómodo banco, aspirando al mismo tiempo todo el sabor de lo auténtico y casi pudiendo tocar a los viandantes que en aquellas tortuosas y estrechas callejuelas paseaban casi rozándonos, ajenos al ritmo caótico y tambaleante, pero firme, del ruinoso y destartalado tranvía que me llevaba hacia arriba, hacia el evocador Barrio de Alfama. Mientras subía, veía las casas cercanas, antiguas, desvencijadas por la vida y la carcoma, lejanas en el tiempo, próximas en el espacio, que fueron vetustas tabernas donde los marineros mitigaban la angustia de la lejanía y la soledad, ahogando sus penas entre brazos de falso amor de compra-venta, entonando canciones apasionadas y bebiendo incesantes tragos de caldos exquisitos con reminiscencias de navegantes que se adentraban en el océano vecino. En la bajada recorro los lugares donde el cante lisboeta se interpreta de forma desgarradora, recordando amores de antaño y anhelando futuros encuentros. Hay algo en el ambiente lisboeta que provoca que te enamores perdidamente de la ciudad , como en esos amores que se van gestando sin uno saberlo,  hasta que se afianzan de forma eterna el día en que no estás preparado y ya ni los esperas. Callejeé por su centro, busqué sus anticuarios, encontré sus librerías, recorrí sus avenidas. Todo tenía sabor a descubridores, expedicionarios, almirantes y goletas. Tomé ruta hacia Sintra. Esta villa es recoleta, sus calles son abruptas y sinuosas, escarpadas y el entorno está lleno de espesa vegetación. Me pierdo en las callejuelas de Sintra, subo al Castelo de Pena, aspiro su aire limpio, escucho el viento que mueve la arboleda densa, que preserva la vida tranquila  que llevó a lord Byron a denominarla, allá en el siglo XIX, “jardín del paraíso terrenal” y años más tarde, ya en el XX, a la UNESCO a declararla Patrimonio de la Humanidad. Pero quiero sentir los sonidos tristes, apasionados y vibrantes de los fados: el de Coimbra, el de Oporto y el de Lisboa, cada uno a su manera, con su matiz diferencial y busco entre los cantantes, sin esperanza, a Carlos Cano. Lo hago con mis ojos, lo pide mi corazón inútilmente. Él –sin ser luso- interpretaba este cante como si lo tuviera grabado en el alma. Y aunque ya no canta con tristeza, ni con los ojos cerrados, yo sigo sin poder olvidarlo y sin proponérmelo, me dejo llevar suavemente por la música y fado porque se fue por el río, fado porque se fue con las sombras…

Fátima Hernández

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Comentarios

2 Respuestas para “Tranvía al fado, allá en Lisboa”

  1. Que Ver En Lisboa on May 27th, 2010 17:52

    Que lindo escrito. Un honor a los tranvías lisboetas!

    Un saludo,
    Flavio

  2. “Sostiene Pereira”. Contra los tibios, aunque sean muy amables. | amipeliculas on August 4th, 2010 1:40

    […] cámara de Roberto Faenza y la ayuda de un reparto amable y contenido, el resto son las calles de Lisboa, los párrafos de voz en off, y la reflexión que se esconde en una historia que, aparentemente, […]

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