Tiren de la cadena, por favor

Publicado el 22 July 2010
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Relata una vieja leyenda que el dueño de un circo compró un pequeño elefante, tierno y tranquilo, a un vendedor ambulante. Desde el primer día lo ató a un palo diminuto del que pendía una corta cadena muy fina. El animal se acostumbró a esta atadura y permaneció cautivo y prácticamente quieto -de esta manera- muchos años. Con el paso del tiempo, el elefante alcanzó un tamaño desorbitado y seguía invariablemente inmóvil, atado a su exiguo poste. Un día, un caminante que paseaba por el lugar, al observar la tristeza del animal, le dijo al dueño: ¿Cómo es posible que este enorme mamífero -tan entrañable- esté siempre junto a este palo tan corto y esta cadena tan fina? con un pequeño empujón, la arrancaría, se separaría de ella y sería por fin libre, podría moverse y hacer lo que realmente deseara. Sí, le contestó el dueño del circo, tiene razón, podría hacerlo, sólo bastaría que tirara ligeramente de la cadena. Y ¿por qué no lo hace? le respondió el caminante. El dueño del animal le miró fijamente, sonrió y le respondió: es que no sabe que puede hacerlo.

Hermosa lección de antaño para ahora, tiremos de todas las cadenas que nos atan y con nuestra capacidad, que todos la tenemos, obtengamos lo que deseamos, podemos hacerlo. Ah¡ por cierto, el título les indujo a pensar que íbamos a tratar algún tema burdo o soez, no, nada más lejos de nuestra intención, porque este blog siempre ha sido exquisito y respetuoso, así que otra lección que añadir: no juzguemos, “a priori” sin conocer su contenido, personas o hechos. Antes bien, leamos la hermosa lección que esconden sus leyendas y, lo dicho señores, a “tirar todos de la cadena” (pero esta vez, sin perdón)

Fátima Hernández

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