Tiempos nuevos

Publicado el 28 April 2011
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Hubo un tiempo en que las personas éramos y nos sentíamos distintas, las circunstancias también lo eran. Esos tiempos de antaño, de otrora, que ahora nos parecen tan distantes, tan lejanos, fueron los causantes, los culpables, los gestantes, que nos hicieron diferentes o semejantes a lo que somos. Recuerdo que entonces se disfrutaba tanto con las pequeñas cosas… Aquellas mentes, nuestras inocentes mentes no discernían, no distinguían entre lo real y lo ilusorio, lo que se veía y lo que se inventaba, lo que se imaginaba o tocaba, siempre acogidos en entornos plenos de dulzura, sin maldad ninguna. Constantemente estábamos prestos, listos, atentos a la aventura, que venía envuelta en un halo curioso, colorista, raro, pero repleto –eso sí- de delicada ternura. Porque desde temprano cogíamos flores a montones, sentíamos nuestros pasos cubiertos de algodones, de noche la Luna –indiscreta- nos llamaba fisgones… Teníamos el mundo entre las manos, podíamos hacer -incluso- a todas horas el vago; las estrellas -al menos un instante- se posaban en nuestros ojos algo temerosos, el Arco Iris se percibía brillante incluso sin que lloviera y la magia sabíamos que se podía presentar un día cualquiera… Pero, de repente, sin aviso, una mañana extraña, nublada, marcada, algo ocurrió y aquel paraíso se perdió, la infancia que gozábamos, que vivíamos, un buen día sin despedirse siquiera nos dejó. Sin quererlo, aunque a propósito, nos hizo adultos y…se marchó firme y segura con rostro adusto.

Fátima Hernández Martín

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