Sonno eterno

Publicado el 24 Agosto 2010
Archivado en Fátima |

Me había hecho demasiadas ilusiones, sobre todo cada vez que visionaba la película La dolce vita de Fellini, donde ella tenía un papel protagonista. Pero, al ir acercándome constaté que no estaba en lo alto como imaginaba, sino embutida en un ahondamiento del terreno, quizás para robar algo a su belleza. La piedra de la que se gestó se hallaba trabajada como si fuera un delicado encaje de Bruselas del que brotaban las estatuas que componían el conjunto armónico,  sutil y maravillosamente delicado de la Fontana de Trevi del arquitecto Salvi (siglo XVIII). Una vez repuesta de la impresión lancé, de espaldas como manda la tradición, una moneda al agua, soñando quizás que los querubines que protegen a los paseantes en las recónditas calles romanas hicieran que volviera de nuevo a recorrer sus trattorías, sus fuentes, sus basílicas, sus monumentos o sus ruinas. Previamente, me asomé por una de las aberturas de la zona alta del Coliseo y examiné extasiada lo que había sido la arena central donde gladiadores, fieras, esclavos de diversas regiones –la Galia, Hispania, Lusitania, Dalmacia, Numidia, Bitinia, Britania o Germania-, practicantes de religiones novedosas -llamados cristianos- o prisioneros de guerra de territorios lejanos, más allá del Imperio, se enfrentaban a peligros que permitían disfrutar, al pueblo de la Roma caput mundi y a sus emperadores –ociosos, viciosos, obscenos y caprichosos- de espectáculos sanguinarios. Qué hermosa es la Ciudad Eterna, donde caminar es obligación; buscar en los recovecos, pasión; entrar en librerías de viejo, deleite; descubrir en una iglesia un santo desconocido, misterio; degustar un gelato con sabor a vainilla, cremosa exquisitez y perderse en el Foro, entre piedras que hablan en silencio de esplendor, decadencia, batallas, muertes, amores, victorias y derrotas ¡una locura! Paseando por la vía Condotti recordé la cinta Vacaciones en Roma e imaginé que iba en una motocicleta junto a Gregory Peck, que ejercía de cicerone, mientras yo ocupaba el lugar de Audrey Hepburn, cuando se perdían juntos por las callejuelas romanas, buscando el anonimato que les permitió ser felices un breve tiempo. Sí, hay algo en el ambiente romano que te atrapa, se impregna en ti cuando transitas cerca de palazzos o piazzas. Busco con ahínco la Boca de la Verdad, con la cúpula de San Pedro dominando a lo lejos como un vigía enhiesto. Y antes de abandonar Roma, me acerco de nuevo al lugar donde dicen se cumplen los sueños, la vieja Fontana, la misma que me recibió al llegar, quiero que me despida al marchar y, al caer la tarde, con la luz del crepúsculo italiano iluminando aún más sus encendidos rincones, no puedo evitar decirle, como en un grito que sale del alma… ¡arrivederci sonno eterno!

Fátima Hernández

Un secreto para ustedes: es cierto lo de la moneda, sí se regresa, siempre se cumplen los sueños

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