Una condesa en el Prado…
Publicado el 15 Mayo 2011
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Cada vez que voy a Madrid guardo un tiempo pequeño o grande -depende de las circunstancias y las disponibilidades- para acercarme hasta ella y hacerle una visita que de ninguna manera es protocolaria, al contrario, deseada y esperada, como se anhela a ese amigo al que llevas tiempo sin ver. Ella, la condesa, siempre me espera majestuosa, dominante en su salón, aunque con la sonrisa delicada que la caracteriza y ese gesto tranquilo y relajado, como si estuviese presta a iniciar contigo una conversación, la que dejamos pendiente en nuestro último encuentro. Ella -Amalia de LLano y Dotres- mujer inquieta, culta, cautivadora, musa, centro de tertulias, bella y seductora, pintada por el genial Federico Madrazo, ocupa un lugar destacado en una de las salas del XIX, donde me recibe con una mueca entre irónica, burlesca y sosegada que nunca he logrado interpretar, nunca. Su gesto, sus cuidados detalles, su rostro níveo, su mano apoyada en ese sillón delicadamente tallado, su peinado intrincado y elaborado; pero sobre todo su vestido, tan primorosamente pincelado -como en su día tuvo que haber sido bordado- y de un color azul luminoso, enigmático, casi celestial; inunda la estancia, te envuelve, te atrapa y te acoge benévola para hacerte sentir en su casa, esa mansión acogedora y cálida que es siempre el Museo del Prado, un lugar mágico donde, especialmente en su sala, la condesa hace que te sientas tranquilamente relajada y, al igual que en aquellos sus tiempos, exquisitamente agasajada.
Fátima Hernández Martín
Óleo sobre lienzo: La condesa de Vilches. Pintor: Federico de Madrazo (siglo XIX). Museo del Prado
La playa de siempre
Publicado el 8 Mayo 2011
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Mi playa de antaño, de otrora, de ahora, de siempre, está especialmente hermosa en las mañanas de los días previos al estío, sí, especialmente bella. Las aves marinas -constantemente- se muestran ofendidas, altaneras y hoscas, cuando los escasos visitantes que a esas horas nos atrevemos a adentrarnos en su paraíso, cercano e ignorado, perturbamos la tranquilidad que ellas disfrutan de forma holgazana y en esos momentos, por qué no decirlo, hasta holgada. Ah¡…cada vez me gusta más ir a la playa temprano, cuando el sol -allá en la frontera del reino de Neptuno- intenta rozar tímidamente, con sus tibios rayos, el paisaje salvaje, en esa hora en que todo está tranquilo y sosegado, tanto si el tiempo está cubierto como completamente despejado. Por eso, hoy de nuevo, he vuelto a recorrer mi playa de siempre, la brisa marina acaricia dulcemente el sentir de mi alma y se refleja en mi cara, el murmullo de las olas ondulantes que se iban y llegaban me canta baladas, la arena envuelve apañada mis pies desnudos mientras avanzo a duras penas en la mañana y ¿saben una cosa señores? pues que apenas me fijo en la suerte que tengo…Mi cielo está limpio, mi tiempo está calmo, mi mirada es clara y mi sonrisa todavía ufana. Apenas me fijo…¡qué hermosa es la vida! ¡lo tenemos todo! ¿queremos la nada?
Fátima Hernández Martín
Roma de cine…
Publicado el 1 Mayo 2011
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Si hay un lugar donde perderse puede ser una aventura cinematográfica, ese lugar es Roma. La Ciudad Eterna, ahora en primavera, o siempre, en cualquier época del año, nos regala generosa -sobre todo en los vericuetos que rodean la Via del Corso, que se dirige firme y segura hacia la Plaza Venecia-, una serie de callejuelas pequeñas y recoletas, atestadas de trattorias y pizzerías, donde los mercadillos instalan sus puestos para hacernos disfrutar y recordar -de paso- que el cine italiano tuvo un papel importante en especial… otrora. Y te acercas sin querer y rebuscas entusiasmada entre las mesas, intentando conseguir aquel fotograma que tantos hermosos recuerdos nos trae a todos. Y encuentras sorprendida a unos rejuvenecidos Marcello, Loren, Magnani, Mangano, Passolini, Visconti, Fellini, Rossellini, Risi, a de Sica….Actores, actrices, directores míticos que aparecen en láminas, calendarios, bolsas, agendas y que te llevas -presurosa- como si trasladaras escondido en tus bolsillos uno de los más importantes tesoros descubiertos en las catacumbas romanas. Sí, y lo llevas contigo a casa y lo contemplas en ocasiones, haciéndote soñar unos momentos, sintiéndote protagonista mientas lo observa, protagonista de un tiempo que pareciera se detuvo en la Fontana de Trevi o cerca de las escaleras de la Plaza de España un día cualquiera de una primavera romana, siempre hermosa y plena, y por la que apetece perderse de vez en cuando, tanto si está lluviosa como…soleada.
Fátima Hernández Martín
Tiempos nuevos
Publicado el 28 Abril 2011
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Hubo un tiempo en que las personas éramos y nos sentíamos distintas, las circunstancias también lo eran. Esos tiempos de antaño, de otrora, que ahora nos parecen tan distantes, tan lejanos, fueron los causantes, los culpables, los gestantes, que nos hicieron diferentes o semejantes a lo que somos. Recuerdo que entonces se disfrutaba tanto con las pequeñas cosas… Aquellas mentes, nuestras inocentes mentes no discernían, no distinguían entre lo real y lo ilusorio, lo que se veía y lo que se inventaba, lo que se imaginaba o tocaba, siempre acogidos en entornos plenos de dulzura, sin maldad ninguna. Constantemente estábamos prestos, listos, atentos a la aventura, que venía envuelta en un halo curioso, colorista, raro, pero repleto –eso sí- de delicada ternura. Porque desde temprano cogíamos flores a montones, sentíamos nuestros pasos cubiertos de algodones, de noche la Luna –indiscreta- nos llamaba fisgones… Teníamos el mundo entre las manos, podíamos hacer -incluso- a todas horas el vago; las estrellas -al menos un instante- se posaban en nuestros ojos algo temerosos, el Arco Iris se percibía brillante incluso sin que lloviera y la magia sabíamos que se podía presentar un día cualquiera… Pero, de repente, sin aviso, una mañana extraña, nublada, marcada, algo ocurrió y aquel paraíso se perdió, la infancia que gozábamos, que vivíamos, un buen día sin despedirse siquiera nos dejó. Sin quererlo, aunque a propósito, nos hizo adultos y…se marchó firme y segura con rostro adusto.
Fátima Hernández Martín
Poesía de otrora y de ahora
Publicado el 26 Abril 2011
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Desde siempre, casi desde que era pequeña, muy niña, he sentido fascinación por los poetas y su poesía. Sí, aquellas delicadas y sosegadas estrofas que me enseñaban o aconsejaban los profesores en el colegio –por las mañanas- las repetía (incluso a duras penas) en casa, por las tardes o por las noches, muchas veces hasta cansarme, para acabar extasiada la mayoría de las ocasiones y terminar refugiándome remolona en las sábanas perfumadas y cálidas que velaban mi descanso. Mis poetas favoritos (los hermanos Machado, García Lorca, Miguel Hernández, Juan Ramón Jiménez o Rubén Darío) provocaban en mí, al leerlos, una extraña sensación, haciéndome llorar casi siempre. Nunca supe, jamás he entendido, el porqué de estos sentimientos, el motivo de esas emociones tan intensas, al igual que intensos y casi apasionados eran, siguen siendo igualmente aquellos textos. Tampoco ahora lo sé cuando me lo pregunto incauta e inconsciente, pero al leer o escuchar estrofas distintas, distantes, susurrantes, insinuantes y algunas hasta desgarradoras y delirantes, me pierdo a propósito –de nuevo- en mi mundo, vuelvo a soñar despierta, retomo la imaginación de escenarios, intuyo situaciones, imito expresiones y entiendo -jocosa y convencida- que la poesía, los poemas, los escritos, las palabras, los textos… quizás me emocionan porque me hablan como hablan las personas cercanas, las amadas, las cuidadas, las no olvidadas, como se explica alguien que despacio, sin prisas y con sonidos atenuados, agradables y… fluidos me hace perder y recuperar al mismo tiempo… mis sentidos.
… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol
y con su pozo blanco.
Todas las tarde, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido
y encalado,
mi espíritu errará, nostálgico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.
(El viaje definitivo, Juan Ramón Jiménez)
Fátima Hernández Martín
Las divas de Cristina
Publicado el 22 Abril 2011
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Hoy he preferido elegir este blog, en lugar de perolibros, porque en realidad no voy a hablarles de una novela o un ensayo, como reseña en sí, sino de un libro-base en el que apoyarme para soñar -con ustedes- si me lo permiten durante unos minutos, momentos inolvidables de la historia reciente de algunas mujeres, que marcaron por alguna u otra causa un estilo muy especial. Se trata de la obra “Divas rebeldes” de la escritora Cristina Morató de la que en su día comenté algunos libros, que tanto me gustan. Y así desde una María Callas, la cantante que llegó a decir …“Soy muy tímida. Nunca me atrevo a mostrar lo que siento. Me toman por una diva orgullosa e indiferente y entonces aún me encierro más en mi misma” y que (casi) murió de amor por Onasis (el armador griego); Coco Chanel una mujer ambigua que creó toda una marca en el mundo de la belleza y la moda que aún persiste y que poco antes de morir expresó…”solo tengo una curiosidad: la muerte“; Wallis Simpson, extraña y odiada y que hizo tambalear los cimientos de la monarquía inglesa, siendo capaz de que un hombre dejara todo el poder, que en ese momento aglutinaba, por estar a su lado; la populista y aclamada Eva (Evita) Perón; la excéntrica, caprichosa y multimillonaria Barbara Hutton que coleccionaba maridos tanto como joyas; la deliciosa Audrey Hepburn o la siempre exquisita y elegante Jacqueline Kennedy….son tratadas con la mano mágica de Morató, como solo la autora catalana sabe hacerlo, desde siempre, como siempre, es decir, haciéndonos sentir fascinación por ellas. Fotografías de la época nos trasladan a un mundo con sus tragedias, falsedades y alegrías, pero que fue glamuroso y especial, al menos para la que humildemente les escribe. Ha merecido mi atención y me he detenido, tanto en una fotografía de la revista Life con Kennedy y Jackie anunciando a bombo y platillo su compromiso en la elegante Costa Este de Estados Unidos, como en la de una tierna y frágil Audrey Hepburn -ya mayor- que acaricia un niño, a los que tanto cariño dedicó en los últimos años de su vida, cuando el cáncer hacía mella en sus sutiles alas de ángel. Qué puedo decirles una vez más, señores, pues que me apasiona esa época y como repito hasta la saciedad, al margen de cualquier tipo de connotación, que no la hay; volver a recrearme en esas fotografías y en esos textos me ha hecho sentir, gracias a la pluma de Cristina, una mujer tan glamurosa como lo fueron ellas, sí, sí, al menos unos instantes, porque únicas somos todas las demás… siempre.
Fátima Hernández Martín
Mil palabras con rubor y una narración apasionada
Publicado el 17 Abril 2011
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Estimado lord Macmurray y compañía:
Permítame que le escriba estas líneas desde mi casa en Norfolk, para darle las gracias por su participación, sus risas jocosas, sus mentiras piadosas, su trama cuidada, su escenificación lograda (que sinceramente me costaba creer viniendo de usted… el culpable de todo fue usted, solo usted). Ahora quisiera pedirle un favor, es que necesito hacer llegar urgentemente una misiva a un “príncipe valiente”, y no puedo hacerlo a través de la frontera, porque han cerrado el paso. Sí, quisiera escribirle a un hombre aguerrido y honesto que acabo de descubrir hace muy poco tiempo, aunque siempre ha estado ahí, muy cerca. Dígale, de mi parte, que soy una mujer agradecida, si bien uno lo es en la medida en que conoce al autor de la gracia y no se halla tan confundida, temerosa y enredada, como lo estaba yo hasta hace muy poco tiempo. Menciónele que tras descubrirle en los últimos minutos –qué tonta soy-, entre las ramas de la zona boscosa y angosta en que estaba inmersa, paseando cada tarde, me sorprendió verle decidido, firme, serio, paciente, silente, en aquel lugar convergente de un entorno delicioso y diferente (cómo pudo pensar que era reticente¡¡¡) y que yo muy poco acostumbrada a los cortejos y galanteos de excelsos e intachables caballeros… y presa de una timidez atroz, no me atreví a permitir que me mirara, para evitar sobre todo que me viera sonrojada, aunque…¡cómo creyó que me mostraba ¡¡¡enojada¡¡ Insinúele que jamás ha habido desdén, ni orgullo en mi actitud, sabe bien que en casa, desde que vivíamos en Provenza, nos han inculcado principios y valores de respeto hacia todo, para no ofender ni dañar a nadie. Pídale que no haga caso a perversos, que recuerde mis versos y que me gustaría con él observar estrellas, descubrir luceros, caminar por los valles, zambullirme en las olas y oler las amapolas. Coméntele que muchas veces se hacen cosas o se escribe algo movidos por la desazón o la excesiva timidez, aunque quizás más que pudor, yo diría que en este caso se ha tratado de temor, miedo escénico a que todo fuera de nuevo una farsa, a ser objetivo de antiguas trampas o engaños, que tanto daño hicieron antaño y así opté por huir por el camino que aleja, no que acerca. Susúrrele que me encantaría que me invitara a pasear cerca de Hampstead, es que quiero ver una vez más los dulces cervatillos de los parques cercanos, que siempre me roban el corazón. Además, miro de reojo mi reloj de cadena de plata galesa y me doy cuenta que la vida es maravillosa y no vale la pena dejar pasar mucho tiempo para escuchar los sonidos vibrantes desde la abadía de Westminster. Pregúntele si tal vez…ha merecido la pena leer esto.
Gracias por todo, señor Macmurray y compañía de zapadores
Siempre suya y atenta
Lady Catherine Birhtheen (Londres, 17 de abril de 1879)
Nota.- Carta hallada oculta, en la buhardilla de una casa victoriana, mientras hacían reformas para habilitar un despacho de abogados, cerca de Belgravia.
La pulsera que… yo quiero
Publicado el 17 Abril 2011
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Hace más de seis meses, aproximadamente, mi hermana me regaló una curiosa y bellísima pulsera, eso sí, muy sencilla, pero cautivadora. Se trataba de una cadena muy pequeña de diminutos eslabones de plata, que llevaba enredado un hilo de algodón de color rojo. Con su habitual ternura me la colocó en la muñeca izquierda y me dijo:…”es una pulsera que debe ser puesta por alguien que te ame de verdad y no te la puedes quitar…”. Hizo un nudo, luego otros seis más y recitó -al tiempo- una oración en hebreo “The Ben Porat Prayer”, para llenarla de bendiciones. Nos besamos y le agradecí el obsequio. La llevo conmigo desde ese tiempo, desde entonces. A menudo la observo, la toco y cuando necesito concentrarme pienso en ella. Tengo que reconocer que no soy aficionada a fetiches ni amuletos, pero esta sencilla cadenita ha sido diferente, porque desde que la llevo puesta las cosas me han ido muy bien….o al menos eso es lo que yo he creído. Así que no me la pienso quitar hasta que no consiga uno de los objetivos que me he propuesto y estoy casi segura que mi pulsera me lo concederá. Y es que a veces los sueños se cumplen, aunque no lo creamos, se cumplen o están a punto de cumplirse. Sólo necesitamos que alguien que amamos nos regale un pequeña pieza -o un estímulo-, llena de buenos propósitos, casi inapreciable, nos obligue a llevarla con nosotros (en la muñeca y en el corazón) y nos haga confiar que por muy negro que a veces sea el horizonte, la esperanza o el deseo de obtener algo supera todos nuestros temores o miedos y no solo los nuestros, también los que otros nos hacen tener. Yo, aún, sigo teniéndola en mi muñeca izquierda, algo más estropeada, desgastada por el tiempo, pero ella en agradecimiento a mi constancia…me concederá lo que le pida, porque mi deseo, en el fondo, será igual que es ella, sencillo y humilde, un deseo al alcance de un corazón, que intento que sea cada día, no solo tierno y generoso, sino también…agradecido.
Fátima Hernández Martín
La lencería y los bañadores del momento
Publicado el 12 Abril 2011
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Por todos es conocido que una de las prendas que mejor sienta a la mujer es la ropa interior. Aporta grandes dosis de sensualidad y belleza que no es comparable a ninguna otra. La comodidad, a parte de la elegancia es fundamental a la hora de adquirir productos de este tipo y por desgracia no todas las marcas son conscientes de ello. Gisela, una de las tiendas fetiche de ropa interior del momento, ofrece la posibilidad de disfrutar de la lencería más atractiva y sensual, mientras la mujer la siente como su segunda piel.
La marca dispone de una cada vez mayor presencia a nivel internacional de todos sus diseños. Cuenta con tiendas distribuidas en las principales y más importantes ciudades donde poder adquirir su impresionante ropa interior. Sin embargo, el ritmo de vida actual impide en muchas ocasiones que la mujer moderna pueda dedicar un par de horas para ir de tiendas. Precisamente por eso, la marca ha puesto en funcionamiento su propia web. Desde ella se pueden ver las últimas novedades de la firma, además de adquirirlas.
La tienda de ropa interior femenina diseña, produce y comercializa sus propias prendas haciendo gala de la gran importancia que poco a poco va adquiriendo en el mercado. Así mismo y a parte de la lencería, la firma cuenta con pijamas y bañadores. Todos y cada uno de ellos están diseñados siguiendo las máximas tendencias de la moda internacional y para ello cuenta con los mejores materiales del momento.
Los bañadores, que serán los protagonistas de la temporada primavera-verano 2011, están ya disponibles tanto en la web como en sus tiendas. Donde pueden adquirirse por precios realmente interesantes.
Cádiz tiene algunos personajes ilustres
Publicado el 26 Marzo 2011
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Entre los personajes ilustres gaditanos a mí, personalmente, el que más reconozco y admiro es Rafael Alberti. Los motivos son varios: su poesía limpia y directa cuando se trata de emociones primarias provocadas por la presencia total del mar, como los poemas de su marinero en tierra. Recuerdo con nitidez algunos de sus versos, “qué altos los balcones de mi casa, pero no se ve el mar, qué bajos! ” … Su predisposición al juego, “se equivocó la paloma, se equivocaba, por ir al norte fue al sur, creyó que el mar era el cielo, que la noche la mañana, se equivocaba, … Su compromiso político en “A galopar, a galopar, hasta enterrarlos en el mar, … Cabalga jinete cuatralbo, jinete del pueblo que la tierra es tuya, … Sus enormes ángeles surrealistas con los que es capaz de incorporarse a las vanguardias de los años 20 y 30, … Sus verbalizaciones del cine, ¡qué gracioso el tonto de Rafael tras Buster keaton! Sus Oras marinas, sus nostalgias desde los miles de espacios con los que se construyó su exilio ante la guerra civil del 36. Su vuelta comprometida con España tras la muerte de Franco. Miles de cosas. Es mi gaditano universal por excelencia.
Y también ha habido otros. Posiblemente quien viene tras Alberti sea Manuel de Falla, gran músico. Como todos estos otros dentro del mundo de la música flamenca y folclórica: Fosforito, Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Lola Flores, Rocío Jurado, Niña Pastori o el gran cantautor Javier Ruibal, entre otros.
Hasta el presidente de la Primera República Española, Emilio Castelar, era gaditano.
Así que tan bien acompañado no me costará nada sentime como en casa mientras disfrute esta semana santa de unas agradables vacaciones en Zahora o Cádiz




