La Luna y el alhelí…me lo contaron a mí
Publicado el 14 Julio 2011
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“Yo quiero la Luna bella”…afirmaba la doncella
“Por Dios, sí que es caprichosa, querer podría otra cosa”
“No preferís mi señora…
cosas mucho más banales, tengo mal las cervicales”
“Intentadlo caballero, es la Luna lo que quiero”
Así, buscaba con mucho ahínco
y de pronto pegó un brinco,
una joven muy gentil señalaba un alhelí.
“Un alhelí…caballero,
eso es lo que yo quiero,
además es delicado, pequeño y muy perfumado…”
El caballero, sin más, el alhelí le alcanzó
a la joven cautivó y ella de él se enamoró
y la Luna se quedó donde otrora se buscó.
Epílogo: Lo sencillo, lo sutil, lo encontramos sin querer, al ir la Luna a coger…
Lady Edwina de Greenwille (autora inglesa de mediados del XIX, marchó presta hacia Oklahoma, aunque…no se marchó sola, iba con un caballero siempre tan perseverante que nunca la dejó… aparte)
Fátima Hernández Martín
Una vez que…
Publicado el 5 Julio 2011
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Una vez que me veas, niño querido;
una vez que me veas, vendrás conmigo.
Una vez que me entiendas, y te conmuevas,
una vez que me entiendas, quitas tus penas.
Quitas tus penas niño, quito tus penas,
cubriéndote de besos con hierbabuena.
De hierbabuena niño, y de amapolas,
zambulliéndonos juntos, entre las olas.
Las olas de tu risa y mi mirada
que…una vez que se unan…
nadie separa.
Fátima Hernández Martín
Descubriendo una maravilla…
Publicado el 30 Junio 2011
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La gente no daba crédito a lo que estaba viendo. Todos se mostraban extrañados y casi asustados ante aquella visión, monstruosa y aberrante, que desfilaba entre gritos y chillidos de la plebe. Las cadenas, las sogas, las jaulas, todo era enigmático y peculiar, curioso y exótico. Algunas mujeres incluso, temerosas, se encerraban en sus casas por miedo a ser alcanzadas por aquellas criaturas que iban saliendo de las barcazas, poco a poco, una a una, y cuya altura desorbitada no era normal en aquellas latitudes. ¿De dónde vinieron? ¿qué comían? ¿qué costumbres tenían? ¿se adaptarían con facilidad a estas tierras? Preguntaban, gritaban, exclamaban, observaban con los ojos abiertos -de par en par- esas figuras que, elegantes, sutiles y pausadas avanzaban, poco a poco, a través de la vía principal, estrecha y empedrada, al grito de unos hombres que delante marcaban el paso. Se iban alejando y todo volvía a ser como siempre, como cada día y cada hora, bullicioso pero no extraordinario, caótico pero nunca tan exótico…nunca tan fascinante como aquella tarde en Ostia Antica cuando entraron por primera vez las jirafas, camino de… la Roma imperial.
Ostia Antica, antiguo puerto de Roma, se halla a unos veinte kilómetros de la urbe. Ahí, extraordinarios navíos, cargados de aceite, trigo, vino y todo tipo de mercancías (incluyendo los animales que desde lugares recónditos estaban destinados el Circo, como es el caso de las jirafas que causaron admiración a su paso camino del Coliseo) surtían a la ciudad. Corriente arriba se llevaba todo el material, a través del río Tíber, hasta el mismo centro de Roma. Ostia era un centro de negocios, con comercios, marineros, cambistas y empresarios navales. Crecidas del río, junto a otras circunstancias, acabaron con el puerto, que se transformó en un lugar cenagoso, plagado de mosquitos, un entorno que los arqueólogos sacaron a la luz muchos siglos después, para deleite de los que hemos podido pasear y recorrer con calma…dicho enclave.
Fátima Hernández Martín
La gran propuesta del verano
Publicado el 28 Junio 2011
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Este verano, La Teatroteca mejora su propuesta. A sus habituales ofertas de cena con espectáculo, discoteca y karaoke ha añadido el pack de fin de semana. El viernes se disfruta de las posibilidades habituales de La Teatroteca: la cena con espectáculos. Es decir, las obras de teatro más sugerentes y divertidas interpretadas por las mejores compañías teatrales de la comarca. La discoteca, con los éxitos más sonados de los años ochenta y noventa. Y el karaoke para animar la velada. Se duerme en el mismo complejo gracias al hotel que incorporan las instalaciones. Y a la mañana siguiente se disfruta de las aguas del Mediterráneo y de una opípara comida con barra libre en el barco que pone a nuestra disposición la organización y que va cargado de diversiones como el paintball, el zorb, la gincana multiaventura o el campeonato de lucha (y a partir de agosto el futbolín humano). Estas actividades se pueden extender a la noche del sábado, al domingo con una nueva sesión de barco diurno y otra cena con espectáculos y noche de hotel, o una variante marítima nocturna.
En definitiva un amplio abanico de propuestas para la diversión de manera que puedas disfrutarlo a solas, en pareja, con tu grupo de amigos, de día, de noche, en una sola jornada o durante todo el fin de semana. Para eso se ofrecen una serie de ofertas desde los 23 € por persona hasta el pack completo de luxe, que lo incluye todo por 122 €. Así que: a disfrutar.
La obra de un genio…
Publicado el 26 Junio 2011
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Ella apareció llorando amargamente. Su cara de una hermosura –sin igual-, como una exquisita obra de arte minuciosa, había sido rasgada, desfigurada por un arma certera y demasiado portentosa. La sangre manaba a borbollones, como una fuente de agua rabiosa y furibunda que quisiera, desesperadamente, buscar el camino de la venganza. Ya en su casa, -muy callados- por temor, curaron sus heridas con ternura inusitada e intentaron consolar a la dama, que ya no volvió a ser igual, como había sido antes, alegre y expresiva, antes de la ofensa misógina y despreciable que había ejercido su amante. Ahora, no quería saber nada de él, ya no quiso volver a escuchar su nombre, un nombre que tanto anhelaba en sus tardes de espera, despertando su deseo en el tiempo que quedaba para su regreso. Él, hombre idolatrado por todos, admirado por el poder, apreciado, requerido, consultado y halagado con creces. De nuevo, intentó olvidar sus noches, sus días, aquellas horas en que le sonreía con pasión arrolladora, mientras contemplaba absorta cómo trabajaba reflejando en su cara el delirio de un genio sin igual.
Gian Lorenzo Bernini (diciembre de 1598), maestro del Barroco, máximo creador de la Contrarreforma. Recibió el más alto reconocimiento que un tiempo puede otorgar a un artista. Autor de obras maravillosas como el “Baldaquino de la Basílica de San Pedro”, entre otras muchas (esculturas de una exquisitez sin igual, Piazza Navona, Piazza de San Pedro o la bellísima iglesia de San Andrea al Quirinale), tuvo una personalidad compleja. Caprichoso, obsesivo, déspota, juerguista y extrovertido en exceso, mandó acuchillar el rostro de una amante –Constanza Buonarelli-, que le despechó. Más tarde se casó con otra dama y tuvo once hijos. Murió a los ochenta años en Roma, ciudad que le rindió una calurosa despedida. Fue enterrado con honores de príncipe en la iglesia de Santa María la Mayor. Artista universal, admirado por todos, su obra consagrada como de culto no tiene igual (la artística, claro). Nadie es perfecto, ni los genios del Barroco…
Fátima Hernández Martín
Criptografía caprichosa de un amor
Publicado el 20 Junio 2011
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Dicen que ella comentaba a sus amigos…”no soy una mujer hermosa, ni bella, por eso me arreglo, quizás en exceso, para que mi esposo se sienta feliz al contemplarme…” Con estas palabras, Wallis Simpson, la mujer (enigmática, ambigua, denostada, despreciada, si bien inquietante) que enamoró a un rey -Eduardo VIII- de tal manera, que él renunció al poder por conquistar su corazón, allá por el año 1936 de un frío Londres prebélico, daba a entender a su círculo de amigos lo que le gustaba hacer ostentación de joyas y vestidos en las fiestas a las que asistía. Precisamente, en diciembre del año pasado (2010), la famosa galería Sotheby’s lanzaba a subasta un curioso brazalete zoomórfico que perteneció a esta divorciada estadounidense por la que Eduardo VIII renunció al trono británico. La joya alcanzó un récord de ventas de 4.521.000 libras (5.413.250 euros). El abalorio -de diamantes y ónix- con la forma de una pantera, firmado por Cartier, era una pieza extraña que gustaba lucir Wallis, al igual que una horquilla con algunos rubíes, zafiros y diamantes en forma de ave (flamenco), que también alcanzó cifras astronómicas (y yo matizo, aberrantes) en la misma subasta. Además, en el lote se hallaba un curioso vestido de noche con adornos de diamantes (Cartier) que tiene grabadas las iniciales Wallis (W) y Eduard (E), y la inscripción ‘Hold Tight’ (Aguanta), frase que los amantes se intercambiaron -de forma clandestina- durante su sonoro escándalo que conmocionó al mundo en aquellos días, y que quizás en estos momentos de dura crisis económica, paro, conflictos sociales, cambios conceptuales y modernidad … habría pasado totalmente desapercibido…¡creo!
Fátima Hernández Martín
Dios salve al rey para Wallis (leyenda que hicieron grabar también en otro brazalete subastado)
En edad de merecer
Publicado el 16 Junio 2011
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Se parecen, pero no son iguales, esta dama de la que hablo es quizás más aniñada, sí, sí, más aniñada. Habita un palacio romano en las afueras, no demasiado lejos, eso sí, tampoco muy cercana. Cuando la visité, la recordaba, aunque la otra vivía ¡tan lejana! Era ella, la misma mirada, la misma posición, la misma talla. Me recibió tranquila y sosegada, sin consentir que apenas dijera nada, tan solo que callara. La primera impresión que tengo es que se parece mucho con la otra, que se halla en Cracovia. Parecen ser hermanas, su belleza las iguala y da gusto y placer el contemplarlas ¡Qué hermosas son las pinturas, qué relajadas¡
“La dama del unicornio” es un curioso cuadro realizado por el genial Rafael. Se halla en una esquina de uno de los salones de “Villa Borghese” uno de los palacios de la Roma eterna. Lo he puesto aquí porque me ha atraído el pendentif (a la usanza de la época), que lleva montado un rubí y una gran perla (modelos que se usaban mucho en el Renacimiento). La joven fue pintada con los símbolos que indicaban su soltería, es decir, el unicornio (que representaba la pureza, la inocencia, el celibato); la disposición de la mano y la forma de estar peinada, con el pelo suelto; mostrando así su clara disponiblidad para ser cortejada. Este retrato recuerda mucho a otro lienzo, llamado “La dama con armiño” (atribuido a Leonardo da Vinci) y que se halla en Cracovia. “Villa Borghese” un palacete de 1612, que fue lugar de distracción y descanso del cardenal del mismo nombre, alcanzó máximo apogeo como núcleo concentrador de obras de arte de todo tipo. Siglos más tarde, Napoleón en el XIX llevó parte de la colección a Francia (Museo del Louvre) y en la actualidad –desde principios del XX- forma parte del patrimonio del Estado italiano. Me gustan los pendentifs, yo conseguí uno en un mercadillo (hace años) y le tengo gran apego (eso sí, el mío es humilde, de plata y ágata) y no como el de la joven que, a buen seguro, estaba en edad de merecer… nos lo dice Rafael y ¿quién se atreve a llevar la contraria a un genio?
Fátima Hernández Martín
La romana que hechizó a Stendhal
Publicado el 11 Junio 2011
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Dicen que muchos la han visto, pero nadie quiere hablar de ella. Que en las noches oscuras y frías de los inviernos romanos, cuando la fina lluvia cae lentamente cerca del Castillo Sant’Angelo y la bruma apenas permite visualizar las estatuas de los alrededores, aparece caminando, de forma pausada y regia, hacia el centro del Puente. Allí, en medio de la calzada, mira ensoñadora y triste el lugar, al que ya no podrá acceder por ningún lado y retorna melancólica a su refugio, ese que antaño fue prisión y, más otrora aún, Mausoleo de Adriano. La reconocen los viandantes noctámbulos, temerosos y asustados, sí, sí, no hay duda, es ella, la dulce y tierna Beatrice Cenci, la joven que murió injustamente decapitada (siglo XVI) por denunciar las torturas e injusticias a las que era sometida y de la que no tuvieron piedad, a pesar de reconocer su inocencia demostrada, obteniendo la absolución solo “in articulo mortis”. Desde entonces, en las madrugadas gélidas y mojadas, recorre, solitaria y amargada, el puente del Castel, como queriendo huir y unirse –al alba- a la algarabía de una juventud que no le permitieron disfrutar, ni enamorarla. Sí, como queriendo perderse en el bullicio de las vías romanas toscamente empedradas, donde dicen, un día fue feliz, tanto…que se resiste, que aún no quiere abandonar su Roma amada, ni siquiera para descansar en paz –como merece- y así sigue esperando cada noche, caminando desorientada por el Puente…su mañana.
Beatrice Cenci fue pintada por Guido Reni en la prisión del Castel durante el tiempo de su cautiverio. El retrato se conserva en el palacio Barberini de Roma.El escritor Stendhal quedó tan impresionado por el cuadro, al verlo, que narró:…”el rostro es dulce y bello, la mirada tierna y los ojos muy grandes, con la expresión asombrada de una persona a la que acaban de sorprender llorando amargamente…”
Fátima Hernández Martín
Mi ex libris…
Publicado el 21 Mayo 2011
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Hace ya algún tiempo leí una curiosa novela, que no me gustó especialmente, titulada “Ex libris”, que firmaba Ross King y fue publicada por Seix Barral en el año 2002. En ella, su autor, quizás de manera lenta y algo pesada, ardua, sin agilidad a mi juicio; narra las visicitudes de una enigmática viuda que busca un libro llamado El laberinto del mundo, que parece encerrar muchos misterios (más de lo que en principio se supone), todo ello en medio de una trama compleja y llena de aventuras, ambientada en Londres allá por el XVII. Para localizar dicho libro la viuda, junto con un extraño librero que le ayuda en las pesquisas, solo dispone de un ex libris como punto de partida. Cuando leí ese libro, que no dejó demasiada huella en mis recuerdos de humilde lectora, reflexioné sobre los ex libris y de forma especial en cómo queremos “hacer nuestras” aquellas cosas materiales que rodean nuestra existencia y que hemos adquirido con mayor o menor esfuerzo, es decir, cómo intentamos dejar nuestra impronta de propiedad para acentuar –quizás demostrar- que no es de otros, que es en realidad parte de nuestra vida, diría incluso que formando parte de nosotros mismos. A partir de entonces (antes no se me había ocurrido, quizás por desidia o falta de tiempo) he intentado buscar, diseñar, elegir un sello especial para mis libros, que son mi vida, y… aún no lo he encontrado. Porque al buscar dicho sello lo quiero –con demasiada exigencia- original, exquisito, atractivo, señorial, diferente, único, seductor, colorista y serio al tiempo, un sello que me acompañe y me defina, que diga mucho de mí y de mis humildes aunque valiosas posesiones, de mi forma de ser, de mi carácter, de mis gustos y mis aficiones, en definitiva algo así como mi proyección e incluso yo misma. Y esa exigencia a veces hace que pasen desapercibidos otros diseños que no advertimos, por esa búsqueda de la perfección estética, sin darnos cuenta que quizás ocupando su lugar -en el reverso de las tapas- sean más acordes con esos libros de nuestra biblioteca –tan amada- que el paso del tiempo ha hecho más añosos y estropeados, pero no por ello menos queridos y anhelados. Cualquier día, sí, cualquier día encontraré mi ex libris…
Fátima Hernández Martín
Ex libris (RAE).- Etiqueta o sello grabado que se estampa en el reverso de la tapa de los libros, en la cual consta el nombre del dueño o el de la biblioteca a que pertenece el libro.
Una condesa en el Prado…
Publicado el 15 Mayo 2011
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Cada vez que voy a Madrid guardo un tiempo pequeño o grande -depende de las circunstancias y las disponibilidades- para acercarme hasta ella y hacerle una visita que de ninguna manera es protocolaria, al contrario, deseada y esperada, como se anhela a ese amigo al que llevas tiempo sin ver. Ella, la condesa, siempre me espera majestuosa, dominante en su salón, aunque con la sonrisa delicada que la caracteriza y ese gesto tranquilo y relajado, como si estuviese presta a iniciar contigo una conversación, la que dejamos pendiente en nuestro último encuentro. Ella -Amalia de LLano y Dotres- mujer inquieta, culta, cautivadora, musa, centro de tertulias, bella y seductora, pintada por el genial Federico Madrazo, ocupa un lugar destacado en una de las salas del XIX, donde me recibe con una mueca entre irónica, burlesca y sosegada que nunca he logrado interpretar, nunca. Su gesto, sus cuidados detalles, su rostro níveo, su mano apoyada en ese sillón delicadamente tallado, su peinado intrincado y elaborado; pero sobre todo su vestido, tan primorosamente pincelado -como en su día tuvo que haber sido bordado- y de un color azul luminoso, enigmático, casi celestial; inunda la estancia, te envuelve, te atrapa y te acoge benévola para hacerte sentir en su casa, esa mansión acogedora y cálida que es siempre el Museo del Prado, un lugar mágico donde, especialmente en su sala, la condesa hace que te sientas tranquilamente relajada y, al igual que en aquellos sus tiempos, exquisitamente agasajada.
Fátima Hernández Martín
Óleo sobre lienzo: La condesa de Vilches. Pintor: Federico de Madrazo (siglo XIX). Museo del Prado





