Mil palabras con rubor y una narración apasionada

Publicado el 17 April 2011
Archivado en Fátima | Salir del comentario

Estimado lord Macmurray y compañía:

Permítame que le escriba estas líneas desde mi casa en Norfolk, para darle las gracias por su participación, sus risas jocosas, sus mentiras piadosas, su trama cuidada, su escenificación lograda (que sinceramente me costaba creer viniendo de usted… el culpable de todo fue usted, solo usted). Ahora quisiera pedirle un favor, es que necesito hacer llegar urgentemente una misiva a un “príncipe valiente”, y no puedo hacerlo a través de la frontera, porque han cerrado el paso. Sí, quisiera escribirle a un hombre aguerrido y honesto que acabo de descubrir hace muy poco tiempo, aunque siempre ha estado ahí, muy cerca. Dígale, de mi parte, que soy una mujer agradecida, si bien uno lo es en la medida en que conoce al autor de la gracia y no se halla tan confundida, temerosa y enredada, como lo estaba yo hasta hace muy poco tiempo. Menciónele que tras descubrirle en los últimos minutos –qué tonta soy-, entre las ramas de la zona boscosa y angosta en que estaba inmersa, paseando cada tarde, me sorprendió verle decidido, firme, serio, paciente, silente, en aquel lugar convergente de un entorno delicioso y diferente (cómo pudo pensar que era reticente¡¡¡) y que yo muy poco acostumbrada a los cortejos y galanteos de excelsos e intachables caballeros… y presa de una timidez atroz, no me atreví a permitir que me mirara, para evitar sobre todo que me viera sonrojada, aunque…¡cómo creyó que me mostraba ¡¡¡enojada¡¡ Insinúele que jamás ha habido desdén, ni orgullo en mi actitud, sabe bien que en casa, desde que vivíamos en Provenza, nos han inculcado principios y valores de respeto hacia todo, para no ofender ni dañar a nadie. Pídale que no haga caso a perversos, que recuerde mis versos y que me gustaría con él observar estrellas, descubrir luceros, caminar por los valles, zambullirme en las olas y oler las amapolas. Coméntele que muchas veces se hacen cosas o se escribe algo movidos por la desazón o la excesiva timidez, aunque quizás más que pudor, yo diría que en este caso se ha tratado de temor, miedo escénico a que todo fuera de nuevo una farsa, a ser objetivo de antiguas trampas o engaños, que tanto daño hicieron antaño y así opté por huir por el camino que aleja, no que acerca. Susúrrele que me encantaría que me invitara a pasear cerca de Hampstead, es que quiero ver una vez más los dulces cervatillos de los parques cercanos, que siempre me roban el corazón. Además, miro de reojo mi reloj de cadena de plata galesa y me doy cuenta que la vida es maravillosa y no vale la pena dejar pasar mucho tiempo para escuchar los sonidos vibrantes desde la abadía de Westminster. Pregúntele si tal vez…ha merecido la pena leer esto.

Gracias por todo, señor Macmurray y compañía de zapadores

Siempre suya y atenta

Lady Catherine Birhtheen (Londres, 17 de abril de 1879)

Nota.- Carta hallada oculta, en la buhardilla de una casa victoriana, mientras hacían reformas para habilitar un despacho de abogados, cerca de Belgravia.

Post to Twitter Tweet This Post

Comentarios

No hay mas respuestas