Los jazmines del jueves…

Publicado el 3 Enero 2011
Archivado en Fátima |

Su único hijo, le acababa de decir que se marchaba a Mozambique de cooperante. ¡Su esperanza! la ilusión de volver cada día a su casa, pero había que entender que era un chico mayor, no era momento de ponerle trabas a su libertad. Aceptó de mala gana su partida, pero le dijo: ¡adelante! Al menos hoy era jueves y, como hacía cada jueves, iría a recrearse en los libros que le ofrecía la librería de la calle donde se hallaba la oficina en la que trabajaba de lunes a viernes. Allí, al menos los jueves, cuando salía del trabajo, se sentía feliz, recorría rincones y el librero no le ponía objeciones. Comentaban juntos las publicaciones más exitosas y escuchaba con arrobo las indicaciones que él le hacía sobre lo que podía interesarle, conocía sus gustos muy bien, han pasado tantos años. ¡Ah! ese librero adusto y serio que casi no le sonreía, aunque no paraba de observarla, esto la enfadaba ¡seguro, piensa que intento llevarme algún libro sin pagar! ¡ah, los hombres! Después de fisgonear un buen rato, adquirió un clásico de novela inglesa que llevaba buscando desde hacía varios meses. Cuando fue a pagar, el dueño del local le obsequió con un delicado y minúsculo ramo de jazmines frescos, que siempre tenía en una vasija con agua en el mostrador. ¡Qué tonto! pensó. Pagó y salió a la calle. Empezaba a lloviznar y, aunque era tarde, se quedó quieta meditando sobre su situación. Hoy, curiosamente, se cumplían cuatro años de su divorcio, dramático y triste, y encima su ex-marido la había llamado para comunicarle, que se marchaba a Londres, para establecerse allí y casarse con una colega de su empresa, que sólo tenía veintidós años de edad. Y qué le iba a decir ella, ya ni sentía. Su ex esposo se marchaba; su hijo se alejaba y ella se quedaba sola, quizá como había estado siempre. Abatida y a punto de llorar, quiso morir. Recordó los primeros años de su matrimonio. Desde el principio su marido la había ignorado, casi ni se hablaban, comían de forma rutinaria, viajaban de forma estacional y se amaban por obligación con escasa periodicidad. Con devoción, eso sí, lo único que habían hecho con devoción, había sido educar a su hijo. Nunca compartieron aficiones, sólo habían estado juntos frente a determinadas complicaciones de la vida…eso había sido todo, eso era nada. Ya muy tarde, la congoja hizo mella en su corazón. El viento silbaba, los comercios cerraban y la lluvia arreciaba. Se encontró perdida, sola y empapada de agua. Pensó cruzar con el semáforo en rojo, acabar… Dispuesta a hacerlo, notó que un coche se detenía a su lado y cuando se giró reconoció el rostro del librero. Prestó atención a los jazmines que llevaba en la solapa ¡qué hombre tan curioso! Él la llamó desde el coche:

Señora ¿la llevo a algún sitio? llueve con intensidad, podría enfermar. Nadie me espera, respondió ella. Se equivoca, dijo él, siempre la he estado esperando…  cada jueves.

Fátima Hernández Martín

Jamás desesperes, aún estando en las más sombrías aflicciones, pues de las nubes negras cae agua limpia y fecundante


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Comentarios

2 Respuestas para “Los jazmines del jueves…”

  1. Gracias on Febrero 21st, 2011 1:12

    Quisiera saber en qué libro está escrita la frase de D. Miguel de Unamuno que se cita en el post. “Jamás desesperes…” Gracias

  2. yazmin on Marzo 24th, 2012 22:29

    Fatima, Gracias. Que bello mensaje!

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