La pulsera que… yo quiero

Publicado el 17 April 2011
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Hace más de seis meses, aproximadamente, mi hermana me regaló una curiosa y bellísima pulsera, eso sí, muy sencilla, pero cautivadora. Se trataba de una cadena muy pequeña de diminutos eslabones de plata, que llevaba enredado un hilo de algodón de color rojo. Con su habitual ternura me la colocó en la muñeca izquierda y me dijo:…”es una pulsera que debe ser puesta por alguien que te ame de verdad y no te la puedes quitar…”. Hizo un nudo, luego otros seis más y recitó -al tiempo- una oración en hebreoThe Ben Porat Prayer”, para llenarla de bendiciones. Nos besamos y le agradecí el obsequio. La llevo conmigo desde ese tiempo, desde entonces. A menudo la observo, la toco y cuando necesito concentrarme pienso en ella. Tengo que reconocer que no soy aficionada a fetiches ni amuletos, pero esta sencilla cadenita ha sido diferente, porque desde que la llevo puesta las cosas me han ido muy bien….o al menos eso es lo que yo he creído. Así que no me la pienso quitar hasta que no consiga uno de los objetivos que me he propuesto y estoy casi segura que mi pulsera me lo concederá. Y es que a veces los sueños se cumplen, aunque no lo creamos, se cumplen o están a punto de cumplirse. Sólo necesitamos que alguien que amamos nos regale un pequeña pieza -o un estímulo-, llena de buenos propósitos, casi inapreciable, nos obligue a llevarla con nosotros (en la muñeca y en el corazón) y nos haga confiar que por muy negro que a veces sea el horizonte, la esperanza o el deseo de obtener algo supera todos nuestros temores o miedos y no solo los nuestros, también los que otros nos hacen tener. Yo, aún, sigo teniéndola en mi muñeca izquierda, algo más estropeada, desgastada por el tiempo, pero ella en agradecimiento a mi constancia…me concederá lo que le pida, porque mi deseo, en el fondo, será igual que es ella, sencillo y humilde, un deseo al alcance de un corazón, que intento que sea cada día, no solo tierno y generoso, sino también…agradecido.

Fátima Hernández Martín

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