La espera

Publicado el 20 September 2011
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Siempre entraba vigoroso, ilusionado y ella le esbozaba tímidamente una sonrisa, cincelada de forma extraña, porque compleja y adusta era ella. Hoy le había esperado demasiadas horas, demasiadas. ¿Otra? pensó inquieta. Cansada, con la agonía reflejada en su rostro maltratado por la vida, ajado por el esfuerzo que le costaba mantener cada día la esperanza, decidió asomarse por si lo veía en la distancia. Observó nada, el vacío más absoluto y silente. Extrañada y desolada, sin darse cuenta miró al suelo casi de soslayo. Entonces comprobó tristemente que allí, en la tierra llena de pisadas de indiferencia, suciedad y abandono yacía su amor, el que cada día acariciaba su cuello con una ternura y una delicadeza inusitada. La escena era conmovedora…rígido, inmóvil, solo… asumió con amargura la realidad, ya no traspasaría las rejas de su celda, aquel lugar inhóspito de aquella prisión angosta, donde la encerraron hace muchos años por un delito que no cometió, su gorrión… estaba muerto.

Fátima Hernández Martín

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