Jackie, ya no sonríe
Publicado el 1 Septiembre 2010
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Descubrí la publicación de forma casual y causal en el trastero de mi casa. Fechada en noviembre de 1963, admito que su portada me impactó. La observé detenidamente, me pareció concluyente. Llevaba únicamente, en lugar destacado, un texto corto y sintético que decía: “Jackie, ya no sonríe”. La imagen que acompañaba (en blanco y negro “a propósito”) era de la viuda Kennedy, vestida de luto y con un velo, cubriendo su rostro, sujeto por uno de aquellos sombreros “hongo” que crearon el estilo Jacqueline. A cada lado, sus dos hijos, Carolina y John-John, se aferraban a su mano y, al igual que su madre, se hallaban enhiestos, firmes y en postura expectante y respetuosa, observando el paso del féretro, que contenía los restos de su padre, John Fitzgerald Kennedy, asesinado hacía sólo unas horas en Dallas (Texas). El escueto texto (desconozco el nombre del periodista autor del mismo, lo lamento), relataba con sólo cuatro palabras todo el sentir de aquellos momentos cruciales para la Historia –yo era muy pequeña y no pude ser consciente de la noticia-, suministrándome “a posteriori” la información precisa, sobre lo que había acontecido. La viuda Kennedy, rota de dolor, no había perdido ni un ápice de elegancia, distinción y sobriedad. Estaba abatida, pero se mantenía erguida y aguerrida, agarrando a sus hijos, mostrando clase ¡hasta en los peores momentos! La portada de aquella publicación de los sesenta ¡los llamados felices sesenta!, me hizo reflexionar sobre algunas de las cuestiones que hoy en día llenan los medios de comunicación y sobre la necesidad de desarrollar la capacidad de sintetizar, de tratar lo importante, de dejar trivialidades de lado, de intuir lo auténtico y separarlo de lo inútil. De lo serio que sería intentar realizar cribas temáticas y no perder tiempo en cuestiones superficiales.
El problema radica, en mi opinión, en que estamos acostumbrándonos a recibir excesiva información innecesaria, demasiadas novedades, a interesarnos por muchas cuestiones banales, escudriñar en la vida de personas, introducirnos en demasiados secretos, a veces ni siquiera confirmados; a interpretar gratuitamente datos que nos llegan, criticar aspectos que no nos incumben o juzgar actuaciones, probablemente inciertas, por rutina, porque está de actualidad, ignorando lo que es esencial en la vida. He de reconocer cuánto me emocionó aquella portada, cómo me hizo retroceder hasta una época esplendorosa, que si bien estaría llena de actitudes “engañosas e hipócritas” era, indiscutiblemente, deliciosa para la actualidad del momento. El mérito fue que no hicieron falta personajes secundarios, familiares, conocidos, afligidos, antiguos amigos, ex-amantes, acólitos, dirigentes, parientes o intendentes, únicamente Jackie y sus dos hijos, solos ante el mundo, y además, sin ellos quererlo ni buscarlo. En aquella ocasión de forma elegante, respetuosa, distinta, el profesional decidió con excelente criterio, que no era el momento de sacar en portada actrices de Hollywood, conspiraciones, ambiciones, litigios económicos, aspectos soeces, contiendas políticas, intrigas familiares o espionajes internacionales, que sólo quería usar cuatro palabras para indicarnos que Jackie ya no era la misma, que algo grave había sucedido, que ella ya no sonreía y por extensión tampoco el mundo y yo pude entender años más tarde, con esas pocas palabras, gracias a la magia del periodismo intemporal, que lo que colapsó la actualidad en ese momento,fue que un hombre había muerto, que era influyente –casi el dueño de medio mundo- (influyente, porque importantes somos todos) y que un periodista reflejaba la noticia, para ese instante y para la posteridad, de la forma que creyó conveniente como parte de su trabajo, pero también como ser humano, igual que el resto de los mortales a quienes les costaba creer lo que estaba sucediendo.Guardé la publicación en su sitio, durante unos minutos yo tampoco pude sonreir.
Fátima Hernández
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