Es la hora del esplendor en la hierba…

Publicado el 23 November 2010
Archivado en Fátima | 1 comentario

Creo que es la única, sí la única, o al menos una de las pocas películas que no he visto varias veces. Y no es que no me guste, que me gusta; que no me emocione, que sí me enternece. El problema radica en que “Esplendor en la hierba” la deliciosa, extremadamente sensible y pasional cinta dirigida (1961) por Elia Kazan, hombre polémico durante la etapa de la llamada Caza de brujas en Estados Unidos y también director de Un tranvía llamado deseo o La gata sobre el tejado de cinc caliente, me hace llorar como pocos filmes lo consiguen. Recuerdo que la primera vez que la visioné, unos veinticinco años atrás, sentí tal sensación de desazón, de tristeza desgarradora en mi corazón, que me prometí no volver a verla. ¿A qué se debió esta reacción? A veces he reflexionado en soledad preguntándome qué me ha llevado a sentir esta especie de fobia extraña y sentimental hacia una cinta tan bella y cautivadora, donde la imagen, la banda sonora, la buena dirección o la excelente interpretación dieron como resultado una obra maestra del Cine (con premio al mejor guión original), sinceramente no lo sé señores, no lo sé. Quizás pudiera deberse a su final -dramáticamente triste- cuando ella (la encantadora Natalie Wood) se atreve valientemente, después de muchos años y luchas internas, a visitar plétora de nostalgia a su antiguo amor (Warren Beatty) en el rancho destartalado donde él ve pasar su anodina, aunque deseada existencia en contraposición a los otrora deseos universitarios y de éxito que para él tenía su padre; tal vez a que es una de las pocas películas que nos hace reflexionar de manera intensa acerca del paso inexorable del tiempo, de lo fugaz de algunas pasiones, de la obligación inherente de cumplir nuestros destinos, del olvido sutil hacia algunas personas que fueron importantes en nuestra vida, de la necesidad de disfrutar del presente sin pensar en el futuro; de la inocencia, la pureza y la crueldad; de los prejuicios de antaño y de ahora, de lo dual de la estricta moralidad, del amor en su completa expresión –física y emocional-, de tantas, tantas cuestiones. Reconozco que hoy en día -aún- no lo he comprendido y, por eso, me niego a verla, no quiero visionarla de nuevo, no deseo sufrir gratuitamente. Pero, como en el fondo me conozco, y no puedo evitarlo, de vez en cuando –a ratos inconexos- la recuerdo “a hurtadillas” sin que nadie lo sepa y rebelde y soterradamente vuelvo a leer nostálgica los poemas de William Wordsworth, a imaginar la amargura reflejada en el rostro aniñado e infeliz de Deanie, a dibujar en mi mente el enfado virulento que emana del cuerpo adolescente y agitado de Bud; a recorrer en sueños las calles de Kansas durante un estío en los años de la Depresión, a distinguir el ansia vanidosa -por escalar socialmente- que tienen algunas familias o a reconocer las normas de siempre y las formas eternas e inalteradas de nuestra sociedad y, sin querer, me emociono de nuevo y casi a punto de llorar me repito mil veces ¿cuando veré de nuevo el esplendor en la hierba?.

Fátima Hernández Martín

Aunque mis ojos ya no puedan ver ese puro destello que en mi juventud me deslumbraba, aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo.” (William Wordsworth)

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Comentarios

Una respuesta para “Es la hora del esplendor en la hierba…”

  1. miquel on December 7th, 2011 0:46

    acabo de descubrir tu blog, y me gusta. comento algunas cosas sobre esta maravillosa película y sobre cine, y otras cosas en mi blog memoriasdesoledad. Un saludo.

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