Descubriendo una maravilla…

Publicado el 30 June 2011
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La gente no daba crédito a lo que estaba viendo. Todos se mostraban extrañados y casi asustados ante aquella visión, monstruosa y aberrante, que desfilaba entre gritos y chillidos de la plebe. Las cadenas, las sogas, las jaulas, todo era enigmático y peculiar, curioso y exótico. Algunas mujeres incluso, temerosas, se encerraban en sus casas por miedo a ser alcanzadas por aquellas criaturas que iban saliendo de las barcazas, poco a poco, una a una, y cuya altura desorbitada no era normal en aquellas latitudes. ¿De dónde vinieron? ¿qué comían? ¿qué costumbres tenían? ¿se adaptarían con facilidad a estas tierras? Preguntaban, gritaban, exclamaban, observaban con los ojos abiertos -de par en par- esas figuras que, elegantes, sutiles y pausadas avanzaban, poco a poco, a través de la vía principal, estrecha y empedrada, al grito de unos hombres que delante marcaban el paso. Se iban alejando y todo volvía a ser como siempre, como cada día y cada hora, bullicioso pero no extraordinario, caótico pero nunca tan exótico…nunca tan fascinante como aquella tarde en Ostia Antica cuando entraron por primera vez las jirafas, camino de… la Roma imperial.

Ostia Antica, antiguo puerto de Roma, se halla a unos veinte kilómetros de la urbe. Ahí, extraordinarios navíos, cargados de aceite, trigo, vino y todo tipo de mercancías (incluyendo los animales que desde lugares recónditos estaban destinados el Circo, como es el caso de las jirafas que causaron admiración a su paso camino del Coliseo) surtían a la ciudad. Corriente arriba se llevaba todo el material, a través del río Tíber, hasta el mismo centro de Roma. Ostia era un centro de negocios, con comercios, marineros, cambistas y empresarios navales. Crecidas del río, junto a otras circunstancias, acabaron con el puerto, que se transformó en un lugar cenagoso, plagado de mosquitos, un entorno que los arqueólogos sacaron a la luz muchos siglos después, para deleite de los que hemos podido pasear y recorrer con calma…dicho enclave.

Fátima Hernández Martín

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