Cuando llegue septiembre

Publicado el 26 May 2010
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Descanso un rato de microscopios, informes y proyectos apasionantes de investigación marina en los que estoy inmersa siempre y, durante un instante, giro mis ojos cansados hacia un lado. Porque allí, en lugar de honor, en sitio casi preferente, he colocado un curioso calendario que adquirí instintivamente a principios del año. Dedicado a las películas antiguas, hace un repaso cuidado de aquellas que son mis preferidas. Aún recuerdo que gracias a él, cuando llegó el gélido enero, me mantuve subyugada, observando cómo Humphrey Bogart y William Holden competían por el amor de la dulce Audrey en Sabrina (1954). Luego sin darme cuenta entramos en febrero y durante ese mes, típicamente desapacible, contemplé la bella imagen de una Liz Taylor junto al apuesto y perfeccionista Rock Hudson en la mítica Gigante (1956). Sin apenas percibirlo, arribó un esperado marzo, precursor oficial de una primavera que, aquí en Canarias, nunca ha querido marcharse. Observé con arrobo que el fotograma, que iba a presidir los próximos treinta y un días, correspondía a Lo que el viento se llevó (1939), extensa cinta que pocos no han visto más de una vez. Me gustaba especialmente la escena, rezumaba fuerza y pasión. Por eso, no quise que se alejara marzo, pasar la página, tampoco arrancarla, deseaba seguir contemplando el rostro extremadamente seductor del capitán Butler, mi héroe, y cada mañana al llegar al trabajo saber que me estaba esperando, cautivador. Y reflexioné pensando que en realidad veía lo mismo en la imagen: dos seres distintos que se diferencian nada. Cuando nos adentramos en el lluvioso abril los eché de menos, ya no formaron parte de mi entorno de trabajo y me resistí a llegar muy temprano y enfrentarme con una nueva jornada laboral sin que ellos estuvieran, sin que me ayudaran a evadirme cuando me sintiera cansada, llevándome a su mundo de sueños, pasión y aventuras en una Atlanta embebida en la guerra. Ellos confirmaron -una vez más- que el cine ha hecho Arte, pero sobre todo ha reflejado fuerza, que es vida y eso –sólo la vida- es sencillamente lo que plasman estos hermosos y selectos fotogramas de clásicos de cine. Pero no pienso estar triste al final del mes, porque al dar la vuelta a la hoja del exquisito calendario, lejos ya del idus de marzo, indagaré intrigada quién se oculta en junio y contemplaré otra escena que me hará soñar durante muchos instantes en mi devenir cotidiano. Y vuelvo a ilusionarme e imaginar lo que me esperará en meses venideros, por ejemplo cuando llegue septiembre ¡Ah señores…qué bello es vivir!

Fátima Hernández

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