A la manera de Sinatra

Publicado el 19 June 2010
Archivado en Fátima | Salir del comentario

Si alguien ha dejado huella en el camino apasionante de Hollywood, donde un chico flacucho conquistaba el corazón de féminas, a pesar de tener un aspecto poco atractivo, ser muy delgado y no tener rasgos especialmente seductores para algunas, ese ha sido Frank Sinatra, conocido como la Voz. Desde sus inicios cuando trabajó en múltiples tareas; Frankie tuvo una personalidad fuera de lo común y una vida controvertida y ambivalente. Recordemos que tanto apoyaba la Revolución Cubana como se declaraba anticomunista acérrimo; era amigo de los Kennedy o algún presidente (Nixon o Reagan) –republicano- le imponía una alta condecoración de estado, de Estados Unidos. Con su grupo de amigos (Sammy Davies jr, Dean Martin, Humphrey Bogart) formaba una piña infranqueable donde dicen no faltaba el alcohol, proyectos de relevancia y con los que en madrugadas cantaría “a duras penasI get a kick out of you (me divierto contigo). Conquistador sin remedio, desde su primera esposa con la que tuvo sus tres hijos y que le abandonó, hasta los romances con mujeres esplendorosas como Ava Gardner con la que contrajo un matrimonio, no exento de toda suerte de infidelidades y celos extremos, a la jovencísima –sólo tenía veinte años- delgada y delicada Mia Farrow, la actriz que peinada “a lo garçon”, con aspecto aniñado, minifalda a la usanza y gesto retraído; le enamoró como un adolescente, de la noche a la mañana, mientras él cantaba Fly me to the moon (llévame volando a la Luna), hasta llegar a su última conquista, Bárbara Marx, fueron numerosas las divas que embriagó al sonido de sus melodías (Kim Novak, Marilyn Monroe o Lauren Bacall), haciéndolas soñar con un New York, New York alegre, multirracial, pleno de musicales de Broadway, anchas calles y bucólicos parques. El Cine le hizo conocer el éxito, concediéndole un Óscar (al mejor actor secundario) por su papel en De aquí a la eternidad, si bien participó en cintas que tuvieron también un lugar destacado como Ellos y ellas o Alta sociedad. Sin embargo, es el mundo de la canción la que en realidad le catapultó hasta la fama eterna y creó una leyenda en torno a su figura, porque su voz te hace sentir diferente, provoca emoción y hace creer que algo es posible. Con él nadie es extraño en la noche, porque las noches son hermosas en Manhattan o en cualquier lugar del mundo –si hay estrellas- e incitan a los paseos de la mano, al amor y a una nostálgica Moonlight serenade (Serenata a la luz de la Luna). Y vivió como quiso. Por eso, cada vez que le oigo cantar mis temas preferidos, que él interpreta como nadie más allá de la frontera de la vida, en cualquier momento –Night and day-, inmerso en la eternidad que gozan los mitos, pienso que en el fondo aquí sí fue feliz, que si sufrió también el amor le trató bien, Love’s been good to me afirmaba cantando y eso fue quiero creer –a mi manera– a su manera.

Fátima Hernández

That’s life (es la vida)

Post to Twitter Tweet This Post

Comentarios

No hay mas respuestas